jueves, 18 de marzo de 2010

PROTEGE TU CORAZON


Fumadores, obesos, sedentarios, hipertensos, hiperglucémicos, hipercolesterolémicos y consumidores compulsivos de "comida basura" son los más firmes candidatos a sufrir un accidente cardiovascular, la afección que encabeza la lista de causas de deceso evitables.


Los países ricos gastan cada año millones en mejorar sus sistemas sanitarios y la salud de sus ciudadanos. Para ello disponen de la mejor tecnología y de los tratamientos más eficaces. Esta inversión se traduce en una población cada más longeva, lo cual no es sinónimo de saludable, pues muchas personas viven más pero con menor calidad de vida.
Aún así, muchos ciudadanos de estos países ricos no logran su objetivo de una vejez más o menos saludable ya que sus vidas quedan rotas por un accidente cardiovascular, que eng
loba numerosas enfermedades causantes de muertes que se podrían evitar.


El problema es de implicación en la disciplina del tratamiento a seguir de los diagnosticados de hipertensión, hipercolesterolemia, diabetes u obesidad. A todos los afectados por estas patologías se les explica en las consultas médicas de los riesgos que implican estos trastornos y qué cambios deben adoptar en su estilo de vida.

Sin embargo, los estudios más fiables demuestran que, a pe
sar de la buena disposición inicial, más de la mitad de los diagnosticados por las patologías referidas fracasan en su intento de llevar esa disciplina clínica por una falta de constancia, aunque las estadísticas mejoran después de que la persona "haya recibido un aviso".

Se estima que la reducción en incidencia de las enfermedades card
iovasculares está asociada en un 50 por ciento a la adopción de medidas de control de los factores de riesgo (colesterol, hipertensión, tabaco) ya sea con tratamiento, por ejemplo con estatinas o antihipertensivos, o con hábitos de vida, y el otro 50 por ciento se debe a procedimientos o tratamientos específicos, como antitrombóticos o betabloqueantes.

Si bien la tasa de incidencia (casos nuevos) está disminuyendo y más en el ictus que en la cardiopatía isquémica, la prevalencia (casos en un momento dado en la población) ha aumentado.

Ello se debe a que los tratamientos farmacológicos y ciertos procedimientos y, en menor medida los cambios en el estilo de vida, hacen que el pronóstico de los pacien
tes que han sufrido ya un episodio cardiovascular (un infarto de miocardio o un ictus) sea mejor y vivan más años.


Prevenir las enfermedades cardiovasculares, principal causa de muerte en todo el mundo tanto en hombres en mujeres, es algo relativo ya que a
vanzan de manera silenciosa sin dar apenas señales de alarma.

La abundancia de información sobre la génesis de estos procesos permite, no obstante, albergar esperanzas de evitarlas con poco que nos dediquemos a interpretar las principales señales de alarma y a seguir, sin vacilación alguna, todos los pasos que nos va marcando el médico.

Esos pasos deben ser concisos pues, unos de los problemas a los que nos enfr
entamos con la información sobre salud es el lenguaje técnico que se utiliza, tanto en lo relativo a las enfermedades como a los tratamientos.

Los objetivos principales de estas patologías son las arterias,
esos vasos sanguíneos de mayor calibre que alimentan nuestro organismo. Los conductos pierden elasticidad, se estrechan o potencialmente pueden obstruirse, lo cual se conoce en medicina como arteriosclerosis.

El hábito de fumar, tomar alcohol, hacer vida sedentaria, hipertensión, hipercolesterolemia, diabetes y obesidad, son los factores principales de riesgo a tener en cuenta. También hay que tener en cuenta las cantidades elevadas de triglicéridos, las deficitarias de HLD (colesterol bueno), los antecedentes familiares de dolencias cardiovasculares y ciertas circunstancias psicosociales, como sufrir estrés y depresión.

Buena s
alud cardiovascular
Prevenir o mitigar los factores desencadenantes del riesgo cardiovascular -si no hay otros condicionantes patológicos- es relativamente sencillo.

De acuerdo con la "Guía para el manejo del riesgo cardiovascular", editada por la farmacéutica Pfizer, la receta para mantener una buena salud c
ardiaca es la siguiente:


No fume y evite el tabaquismo pasivo.

Evite el alcohol y, como mucho, tómese dos copas pequeñas de vino en las comidas.

Haga al menos 30 minutos diarios de una actividad física adecuada.

Lleve un tipo de alimentación saludable, en la que estén incluidas frutas, verduras, hortalizas, legumbres, aceites vegetales y productos lácteos desnatados.

Evite el sobrepeso y la obesidad.

Mantenga una tensión arterial por debajo de 14 de máxima y 9 de mínima.

Procure que su colesterol se mantenga por debajo de los 200 miligramos por decílitro.

No olvide tampoco vigilar el tono y la fuerza de la masa muscular, que con la edad tiende a disminuir, sobre todo en la mujer a causa de la menopausia. El ejercicio diario puede paliar esta tendencia de redistribución negativa de la grasa en el organismo.

Tenga en cuenta que no todas las personas pueden hacer todo tipo de ejercicios físic
os. Es mejor individualizar el plan y, si hay riesgo de efectos secundarios, deben limitarse a caminar a buen paso al menos hora cada día.
Diabetes y sobrepeso
Una puerta demasiado abierta a las enfermedades cardiovasculares es la diabetes, que puede ser desencadenada por la obesidad, aunque en muchos casos es hereditaria y no va asociada necesariamente al sobrepeso.

Hay que distinguir entre cuadro prediabético y diabetes. El primero aparece cuando las cifras de hiperglucemia se sitúan entre los 110 y los 125 miligramos por decílitro de sangre en ayunas, o bien cuando están entre los 140 y los 199 tras una prueba de sobrecarga oral de glucosa, que consiste en adminis
trar 75 gramos de azúcar y determinar su concentración en sangre una vez transcurridas dos horas.

La diabetes propiamente dicha es cuando a la persona analizada se le detecta una hiperglucemia superior a los 200 mg/dl, independientemente de que haya comido o no. O bien cuando la hiperglucemia en ayunas está por encima de los 126 mg/dl.

La obligación de perder peso es esencial si queremos que nuestras arterias y nuestro corazón dejen de fallar.

El efect
o multiplicador de la obesidad sobre el riesgo cardiovascular es de 2,8 en la muerte súbita, de 2,0 en el accidente vascular cerebral, de 1,9 en la insuficiencia cardiaca congestiva y de 1,5 en la enfermedad coronaria, según los datos de un estudio realizado hace 50 años entre los habitantes de Framingham, población de Massachussets (EE.UU.), que permitió identificar y definir los factores de riesgo cardiovascular como auténticos precursores de la enfermedad coronaria y de la cerebrovascular, tal como los conocemos ahora.

El indicador utilizado de forma universal para definir sobre peso es el Índice de Masa Corporal (IMC), que es el resultante de la división entre el peso en kilos de una persona por su talla en metros, al cuadrado.

Según la clasificación del sobrepeso , se considera como tal cuando el IMC llega a 27 y mórbida cuando llega a 40.

Y se considera obesidad abdominal en la mujer cuando el perímetro de su cintura llega a los 88 centímetros y 102 en el varón.