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domingo, 26 de marzo de 2023

PSICONUTRICIÓN

Qué pasa en tu cabeza cuando las emociones te llevan a la despensa? 

Comienzas a cuidarte y abandonas al momento? 

Te sientes culpable después de comer? 

Vives con frustración cuando no eres capaz de mantener unos hábitos saludables? 

Sabías que tu estado de ánimo influye en tu peso y que muchas dietas fracasan por una inadecuada gestión emocional? 

emociones juegan un papel fundamental en las elecciones alimentarias. Cuando la comida se convierte en la única herramienta de gestión emocional, lejos de ayudarnos a resolver el problema, nos genera otro adicional. A través de un abordaje interdiscipliio desde la psiconutrición se pueden resolver estas dificultades de forma integral, trabajando no solo la cuestión dietética sino también la psicológica. De este modo, la persona puede llegar a diferenciar las causas que le llevan a comer, conocer el impacto del estrés en lo que come y distinguir los factores psicológicos que podrían derivar en desajustes alimentarios. 

En este libro la dietista-nutricionista Griselda Herrero y la psicóloga Cristi Andrades abordan un completo plan desde la psiconutrición y aportan las claves y herramientas comenzar a trabajar las emociones, establecer u relación más positiva con la comida, mejorar la relación con la imagen corporal y adquirir unos hábitos más equilibrados y saludables, trabajando aquellas variables psicológicas y dietéticas que conducen a desarrollar malos hábitos de salud, con el fin de mejorarlos. Porque somos mucho más que una persona que come.

HIJOS GORDOS


El libro que quitará la venda a las familias que no aceptan el problema de la obesidad infantil. ¿Por qué un libro sobre hijos gordos? Las estadísticas nos dan la respuesta: al margen de que México ocupe el primer lugar en obesidad infantil, en realidad el sobrepeso es ya una enfermedad globalizada. 

En la vida real se les llama "gordas" y no "obesas" a las personas con sobrepeso, y este término carga un sentido emocional particular, que la autora examinará a lo largo de este libro con absoluto respeto. 

A través de las historias de cuatro personas que fueron hijos gordos y que con generosidad compartieron sus experiencias, la autora de Tu hijo, tu espejo identifica la situación de cada sujeto y la estudia a fondo con su particular estilo, para ofrecer una atinada perspectiva sobre sus causas y sus posibles soluciones, y dejar claro que la problemática entraña dificultades sociales, familiares y personales. 

Como excelente complemento a su presentación, en el anexo "Hijos gordos. Un enfoque nutricional" la experimentada nutrióloga Margarita Chávez Martínez analiza cómo combatir la obesidad infantil cumpliendo a la vez con los requerimientos nutricionales indispensables para el ser humano.

viernes, 2 de septiembre de 2022

¿POR QUÉ COMO SI NO TENGO HAMBRE?

 

Seguro que más de una vez has sentido que habías perdido el control con la comida, que tu relación con ella no es la que te gustaría. Comer no es tan sencillo como llevarte solo el alimento a la boca, implica mucho más. Por ello, en ¿Por qué como si no tengo hambre? te ayudaré a indagar y averiguar las claves que están mediando en esa relación, aprenderás a reconciliarte contigo mismo y descubrirás que comer puede ser un placer.

Elegir comer saludable y hacer ejercicio, elegir llevar un estilo de vida healthy, debe ir acompañado siempre de la salud mental. Nuestras emociones están relacionadas con la forma de alimentamos y viceversa: cómo nos alimentamos repercute en cómo nos sentimos. A su vez, esto afecta en la forma en la que nos vemos y nos relacionamos con nosotros mismos. 


Por ello es tan importante conocer esta relación, los factores que median y las herramientas necesarias para comenzar a trabajar en encontrar tu bienestar.
Este libro te abrirá un camino nuevo al autoconocimiento y al entendimiento de ti mismo y de tu relación con la alimentación, desde la empatía y la autocompasión, desde el cariño.

sábado, 1 de junio de 2013

NIÑOS QUE NO COMEN

¿Cuándo podemos hablar de que es un problema que no coman?

Nos tenemos que preocupar por el hecho de que no comen cuando los vemos desvitalizados: están "tristones", con una piel apagada, cabello débil, extrema delgadez…
En cualquier otro caso, que por cierto y afortunadamente, son la mayoría, cuando hablamos de determinados niños que no comen, si los vemos jugando como siempre, contentos y enérgicos, no nos hemos de preocupar. Es muy relativo su no comer. Vamos a verlo un poco aquí.

Situaciones y ambientes variados: ¿por qué comen en la guardería y no en casa?

El tema de guardería-casa es un ejemplo que he tomado porque aparece frecuentemente como motivo de consulta por parte de padres y madres desesperados porque en casa no les comen y la educadora les explica que en el cole no tiene ningún problema al respecto. Puede ser también al revés, aunque no es tan habitual.
La comida tiene unas connotaciones afectivas muy importantes, sobre todo en lo que se refiere a la relación mamá-hijo (o hija). Ya desde bebés, seamos alimentados a pecho o biberón, recibimos en cada toma un cúmulo de sensaciones: nos sentimos sostenidos, acurrucados, miramos a mamá, recibimos su mirada, sentimos la piel, el olor familiar, el calorcito agradable que nos reasegura y ayuda a confiar. Además de todo ello, vamos recibiendo los nutrientes adecuados para crecer sanos.

Lo mismo va sucediendo más adelante

La hora de la comida es una oportunidad para afianzar lazos, reforzar vínculos en un momento que puede ser de mucha ternura. Debería serlo, y si no es así, preguntémonos qué sucede: prisas, queremos que coma solo y al alejarnos de su lado para hacer otras cosas nos reclama…
Cuando empieza la escolaridad el ambiente a la hora de comer es bien diferente del de casa, es normal que el niño se comporte diferente también. En la guardería hay unos cuantos de su edad junto a él en los comedores y suele haber una rutina muy estable.
El hecho de ver a los demás, de ir de prisa para salir rápido al patio, les puede llevar a comer sin problemas, o a lo mejor comen por ser obligados a ello (investigad si eso es así, porque no debería pasar) y temen el castigo. En general, es poco habitual encontrar niños que no comen.
En casa, en cambio, en ambiente más relajado, es posible que aparezca cierta inapetencia. Los nervios se "ponen en el estómago", el sentirse en crisis por no tener a mamá tanto como quisieran, el haber pasado tensión, les hace no comer tanto.
No es problema si, como he dicho antes, no vemos síntomas alarmantes en su aspecto físico ni en su estado emocional.

Motivos frecuentes que les llevan a comer poco

  • Los niños de constitución delgada, siempre han sido de comer poco pero siempre los vemos sanos, juguetones, felices y activos.
  • Ha pasado o está pasando una enfermedad. Entonces, como mecanismo de defensa, su cuerpo no le pide alimento, la energía se concentra en luchar contra la enfermedad, sea un resfriado, una gastroenteritis, etc. Es sano y ayuda a la pronta recuperación hacer unos días de dieta a base por ejemplo de zumos naturales y comida muy suave.
  • Está pasando una mala época. La preocupación por el nacimiento de un hermanito, la separación de un ser querido, etc., le lleva a no comer. Hay que respetarlo y ayudarlo a salir de la crisis.

¿Cómo prevenir desórdenes alimentarios como bulímia o anorexia?

Hay muchos factores que llevan a la anorexia y la bulimia, pero podemos ayudar a prevenir estos desórdenes ofreciendo desde el inicio un ambiente en casa que favorezca vínculos fuertes que den seguridad y confianza. Es importante asimismo un respeto a los ritmos naturales del bebé y luego del niño, y ayudarlo a que contacte con sus auténticas necesidades.

Nuestro consejo

Sea una situación más o menos grave, la solución del problema con esos niños que no comen, nunca pasa por obligarles. Hemos de acercarnos a las causas, como hemos ido viendo, ofrecer mucha tranquilidad, mucha confianza, y el comer vendrá sólo.

COMO ACTUAR ANTE LOS TRASTORNOS ALIMENTICIOS


La anorexia y la bulimia son problemas complejos y de difícil solución. En ocasiones la familia no sabe muy bien como actuar o como reaccionar frente a estos problemas, a continuación una serie de pautas que nos pueden ayudar:
  • La familia tiene que evitar temas de conversación relacionados con la comida, el aspecto físico de la paciente o la salud de la misma. Son temas que se tratan en el grupo terapéutico.
  • Los padres son las personas que deciden los menús diarios, deben abstenerse de preguntar al paciente su opinión sobre este tema.
  • Ignorar los comentarios o protestas de la paciente, respecto a cantidades o contenidos antes, durante y después de las comidas.
  • Procurar variar los menús, para que la paciente esté mejor nutrida y evitar que pueda acogerse a determinados alimentos que pueda llegar a ritualizar.
  • Si existen diferencias de opinión entre los miembros de la familia (respecto al trastorno), discutirlos fuera de la presencia del paciente, o posponerlo para plantearlos en el grupo terapéutico de familias o ante su terapeuta.

¿Cómo deben actuar los padres ante la anorexia y la bulimia?

Lo que no se debe hacer
  • NO sentirse culpable. No hay padres perfectos, pero sí bienintencionados. Los problemas familiares son sólo una parte de la historia de un trastorno de la ingesta. Lo importante es saber lo que puedes aportar para ayudar a tu hija/o.
  • NO compadecer a tu hija/o. Demuéstrale comprensión, pero no la sobreprotejas. Necesita oportunidad de ser responsable e independiente.
  • NO permitir que la comida sea un arma.
  • NO intercambies roles con tu hija/o.
  • NO permitir que sea él/ella quien dictamine horarios y actividades de la familia.
  • NO permitir que la preocupación por el problema de tu hijo/a le reste atención a tu matrimonio y a tus otros hijos. Hacer que el trastorno sea el centro de atención refuerza y prolonga el problema.
  • NO dejarse manipular.
Lo que sí se debe potenciar
  • SÍ debe haber unión entre los padres.
  • SÍ hay que reconocer y respetar sus ideas aunque difieran de los tuyos. Hablar con él/ella a cerca de las diferencias, pero tratándolo/a como a un adulto con el que se cambian impresiones.
  • SÍ hay que darle la oportunidad de tomar responsabilidades en la medida que esté preparada/o (sin presionar prematuramente)
  • SÍ hay que ser paciente y tomar cada día como se presente. Recuperarse de un trastorno alimenticio lleva su tiempo, si pones toda la concentración en el día que esté recuperado/a, el tiempo parecerá más largo.
  • SÍ se debe combatir el perfeccionismo.
  • SÍ hay que demostrar a través de actos y de palabras que se la quiere y se la respeta, pero asegurándose de que entienda que tu vida también es importante.
  • SÍ hay que apoyarse en la  pareja, en un familiar o en un amigo cercano. Es bueno poder hablar con alguien de la preocupación o de los sentimientos que acarrea el hecho de tener un hijo/a presa de un trastorno alimenticio.

¿Cómo ayudar a una persona con anorexia o bulimia?

Las personas que padecen anorexia o bulimia tienen problemas no solo físicos también psicológicos y es de vital importancia conseguir la ayuda necesaria para que puedan superarlos.
La bulimia y la anorexia pueden darse a cualquier edad y, aunque se dan más en mujeres, cada vez son más los chicos afectados por estas enfermedades.
En un principio son difíciles de detectar pero cuando se observan cambios de peso, cambios en la conducta, una preocupación excesiva por la apariencia hay que decidirse a hablar, hay que tomar cartas en el asunto.
Hay que hacerle entender que su situación nos preocupa y que deseamos darle todo nuestro apoyo. No debemos juzgar, solo mostrarnos comprensivos y comentar la conveniencia de conseguir ayuda profesional.
Aunque la persona afectada no quiera hablar del problema e incluso niegue que exista los que están a su alrededor no deben callar, hay que hablarles de lo que se está observando, hacerles entender que se estará a su lado siempre. No hay que intentar controlar a las personas con problemas de anorexia o bulimia, hay muy pocas posibilidades de ganar.
Lo más importante mostrarle siempre un gran apoyo, animarle, hacerle entender que realmente tiene un problema que no podrá solucionar sin ayuda, pero solicitar esa ayuda es algo que solo puede hacer la persona enferma.
El camino será largo y duro, pero ha de saber que siempre que quiera tendrá a su lado alguien que le brindará toda la comprensión y el apoyo que necesite, pero es ella la que ha de cambiar su comportamiento y conseguir, pasito a pasito, ganar la batalla.

jueves, 29 de enero de 2009

ANOREXIA Y BULIMIA COMO INADAPTACION SOCIAL


La anorexia generalmente comienza en la mitad de la adolescencia (de los 13-19 años) y afecta a una de cada 150 niñas de 15 años de edad.
Ocasionalmente puede comenzar antes, en la infancia, o con posterioridad, en la década de los 30 a los 40 años. Las niñas procedentes de familias de profesionales libres o empresarios suelen tener una mayor probabilidad de desarrollar estos trastornos que las procedentes de las familias de clase trabajadora o asalariados.

La anorexia casi siempre comienza con la dieta de cada día, que suele formar parte de la vida de cualquier adolescente. Cerca de un tercio de las anoréxicas tenían sobrepeso antes de comenzar la dieta que les llevó a la anorexia. A diferencia de lo que ocurre en las dietas normales, que finalizan cuando el peso deseado es alcanzado, en la anorexia la dieta y la pérdida de peso continuará llevando el peso de la paciente por debajo del límite normal correspondiente a su edad y altura. La paciente anoréxica ingiere una mínima cantidad de calorías al día que puede contrastar con las grandes cantidades de frutas, vegetales y ensaladas que ingiere. Además, las pacientes suelen hacer ejercicio físico enérgico o tomar pastillas para adelgazar para mantener bajo su
peso. En contraste con su propia actitud para comer, las pacientes anoréxicas pueden mostrar un gran interés por comprar comida y cocinar para los demás. Aunque técnicamente la palabra "anorexia" significa "pérdida de apetito", las pacientes con anorexia realmente tienen un apetito normal, a pesar de que controlen de forma drástica lo que comen.

Según transcurre el tiempo, sin embargo, la adolescente con anorexia puede también desarrollar algunos síntomas de bulimia. Ellas pueden provocarse el vómito o utilizar laxantes como forma de controlar su peso. A diferencia de lo que ocurre en las bulímicas puras, su peso continuará siendo muy bajo. Todo esto es provocado por una presión social donde en las sociedades que no valoran la delgadez, estos trastornos de la conducta alimentaria son realmente raros. Entre las personas cercanas a las escuelas de ballet, donde la delgadez se valora de forma extrema, son muy frecuentes.

Generalmente, en la cultura occidental "lo delgado es bello". La televisión, los periódicos y las revistas están llenos de fotografías e imágenes de hombres y mujeres jóvenes, atractivos y delgados. Estos medios de comunicación continuamente nos presentan dietas milagrosas y planes de ejercicio que nos permitan moldear nuestros cuerpos según el patrón de esas figuras idealizadas artificiales. Como resultado, casi todo el mundo hace dieta en algún momento u otro. Es fácil ver como esta presión social puede dar lugar a que algunas mujeres jóvenes hagan una dieta excesiva y eventualmente desarrollen anorexia.

Lo que realmente no saben este tipo de personas que su delgadez extrema no "gusta" realmente, es cierto que en esta sociedad en la que vivimos hoy día lo que quiere es tener un buen cuerpo (delgadito) porque es lo que creemos que está bonito, pero una cosa es delgado y otra muy delgado, como realmene están ellas. Cuando alguien ve por la calle a una persona muy muy delgada se dice "-Mira que delgada está, le hacen falta un par de kilillos", porque realmente la sociedad quiere estar delgado o "en línea" pero no tanto como lo está este tipo de personas, lo que provoca q al verlas se de un rechazo hacia ellas porque dan impresión de enfermas o algo parecido, además ellas mismas se encierran en casa y tiene unos transtornos psicológicos fuertes, lo que les provoca una inadaptación social muy fuerte.

martes, 20 de enero de 2009

TRASTORNOS DE LA ALIMENTACION Y LA SALUD MENTAL


El primer mandamiento de la moda dicta: “sé esbelta y triunfarás”, visto desde cualquier perspectiva mantener la línea representaría la clave del éxito absoluto, pero ¿qué implica ser delgada? ¿cuál sería la figura ideal? ¿cómo saberlo? ¿será esto sinónimo de salud mental?

Es ahí donde surge el desconcierto y se pierden los límites entre lo que constituye la salud mental y la lucha por mantener el bienestar físico y la auto aceptación.

Surge la confusión respecto a si la estabilidad emocional se representaría al mantener una figura esbelta y adecuada o, una constitución, ya sea semiesquelética o corpulenta: ahí se presenta una distorsión de la imagen corporal que puede traer consecuencias catastróficas tanto a nivel psicológico como fisiológico a causa de la obsesión por alcanzar y mantener la “figura ideal”.

Estas acciones se llevan al extremo, que el organismo se torna incapaz ya de tolerar los alimentos debido a los problemas metabólicos causados por la falta de nutrientes o los padecimientos provocados por el abuso de medicamentos ¿llegar a estos extremos podría considerarse salud mental?¨.

Un caso típico de anorexia nerviosa seria el de una adolescente que se niega a comer más de tres bocados al día acompañados quizás de medio vaso de agua.

Es que no tengo hambre -repite aunque llegue a los 30 kilogramos de peso-. Ella podría seguir sacando buenas calificaciones en la escuela, su situación en el hogar es tan normal como lo ha sido siempre, su vida social sigue siendo la misma pero, sencillamente, se resiste a comer, ¿será eso salud mental?

La presión emocional ejercida por el bombardeo de información para mantener una imagen corporal perfecta, origina una terrible ansiedad que se canaliza mediante el hecho de comer compulsivamente; luego surge el remordimiento que lleva a conductas poco congruentes como sería el laxarse en forma obsesiva, provocarse el vómito o ingerir diuréticos; el exceso de ejercicio, dejar de comer o exponer la salud física mediante el uso de dietas extenuantes o tratamientos externos que arriesgan la salud, como sucede en el caso de las anoréxicas.

Algunos psiquiatras descubrieron que, por una gran variedad de razones, ese tipo de pacientes no aceptan convertirse en mujeres adultas con las responsabilidades que esto implica; por su imagen escuálida siguen viéndose como niñas.

“Si no como, no creceré; si no crezco, no llegaré a adulta”. Este incongruente razonamiento de naturaleza inconsciente o el temor a subir de peso en las chicas con severa obesidad infantil, puede ser el factor desencadenante de este terrible padecimiento que evidentemente interfiere con su salud mental.

La bulimia se expresa como una necesidad imperiosa de comer desenfrenadamente, se presentan episodios frecuentes en los que aparece un sentimiento incontrolable de angustia, agresividad o emociones intensas que exigen una compensación inmediata y que se canaliza a través de la comida.

La bulímica devora los alimentos con agresividad, sin importar su sabor, textura o consistencia hasta hostigarse, pues, el acto de comer le permite reprimir su terrible ansiedad.

Entonces un nuevo temor, -“¿tendré la voluntad para parar de comer?”-. Se siente harta de tanta comida, ya no puede moverse, se ahoga, se siente impregnada de sabores, salado, grasoso, dulce… todo mezclado, se asfixia, se siente una “gorda horrorosa”, se fuerza a tomar algo más que le reduzca la sensación de nausea y malestar, un vaso de leche, bicarbonato... ¿Qué? ¿Para que comer tanto?, ¿Cómo controlarlo?, ¿Cómo harían los romanos viviendo entre banquetas y orgías?

La bulimia se presenta usualmente en mujeres de forma crónica y reincidente a lo largo de varios años, mientras que la anorexia nerviosa se presenta generalmente durante la etapa adolescente y se limita a un solo episodio que, si no es frenado oportunamente, evoluciona hacia la muerte.

En contraste existen otros padecimientos en los que la pérdida de control respecto al consumo alimentario resulta más evidente como lo es el caso del comedor compulsivo y del obeso.

Los obesos generalmente comen en exceso de manera permanente lo cual provoca su sobrepeso, mientras que el comedor compulsivo puede presentar o no sobrepeso, ya que su problema se debe a que por ansiedad presenta atracones, es decir: episodios repentinos de ingestión de una gran cantidad de alimentos durante periodos muy breves de tiempo. Durante estos episodios se sienten incapaces de parar de comer, hay una sensación de pérdida de control y posteriormente pueden llegar a sentir culpa, pero no presentan conductas autoagresivas como lo hacen las anoréxica o las bulímicas.

Tanto en el niño como en el adulto, el alimento puede representar la compensación ante la falta de afecto, el aislamiento o un estado depresivo.

En la mujer, los distintos episodios de su vida sexual son también ocasiones para abandonarse a excesos en la alimentación, utilizamos la comida para compensar situaciones difícilmente soportables como sería la primera menstruación, el embarazo, la vida sexual insatisfactoria, la menopausia, el desamor o el duelo; con un buen pedazo de pastel o un chocolate o una bolsa de papas se podría sustituir la compañía, la falta de apoyo, la soledad o la relación pérdida.

Todos estos trastornos de la alimentación aparecen con frecuencia en las biografías de individuos que han padecido desavenencias profundas, con una madre a menudo corpulenta, autoritaria, sobreprotectora y/o perfeccionista, que toma más en cuenta la comodidad física del hijo que sus necesidades de afecto y un padre generalmente distante, más enfocado en su trabajo y en sus necesidades personales que en escuchar a su hija(o).

¡Hago esto por ti! ¡Es por tu bien! son frases escuchadas frecuentemente durante su infancia, ¿pero realmente sirve para saciar sus necesidades afectivas?

Comer en exceso o comer “bien” implica para el niño someterse a los deseos de su madre, que no está satisfecha hasta que su hijo ya no puede mas” mientras él se siente afectado por su rechazo.

Comer representa para el chico el camino más fácil para recibir el indispensable cariño de sus padres, sin embargo, comer en estas condiciones no lo encamina hacia el remordimiento y la autosatisfacción de sus propias necesidades y, menos aún, hacia alcanzar los procesos de individuación, autonomía y salud mental.

El reconocimiento de las necesidades corporales, la capacidad de discernir entre la sensación de hambre física o emocional resulta determinante para la autoaceptación y, por ende, de nuestra salud mental.

Aprender a distinguir entre nuestras necesidades de alimento o de afecto; adquirir la conciencia para cuidar de nuestra salud física, de nuestro cuerpo y de nuestra imagen corporal son sinónimos de salud mental.